jueves, 16 de agosto de 2012


Escribir para fracasar…

Sentado frente al monitor, con los dedos sobre el teclado, la pantalla en blanco con algunos pequeños íconos y una infinidad de imágenes, palabras y textos que han sido censurados por el quehacer mental. 
Alguien habla. Los papeles sobre el escritorio son una avalancha de realidad, trabajo, dinero e ideas por vender… ¿A dónde irán a parar las letras que se plasmaran en este panfleto?, se refugiaran entre los guantes de látex, las agujas y los desechos hospitalarios convirtiéndose así en basura no-orgánica, no reciclable.
Y por supuesto, las letras alimentaran a quien las lee, pero luego, más nada. Se volverán en contra de quien las ha escrito, en contra de ese ser “maléfico” que dispuso externar una opinión, un gesto, una imagen tomada de la cotidianidad pero que hoy para muchos es causa de asombro. ¡Oh, nunca note eso!, dirán algunos. Es una idiotez, pensaran otros.
Al escritor lo motiva el fracaso, esa sensación de qué alguien pueda tomar sus textos, devorarlos con la mirada, y cargarlos de crítica, odio, hastío, incluso repulsión vomitiva. No importa. Al escritor esto le alimenta, le engrandece el ego, para así continuar su labor. Labor que se aleja de las intenciones pretensiosas.
Porque allí, en medio del bullicio, el ruido de la lluvia, el grito de los pájaros, el sonoro cantar de los automotores, el arrullar de las bocinas, el hermosísimo plac, plac, del alambre de púas electrificado…se encuentra un ser que trata y busca ejemplificar la “belleza” a través de las letras.
La tarea del escritor consiste fielmente en fracasar una y otra vez, reelaborar una nota, intercambiar una coma, alargar, recortar y editar párrafos, eliminar vicios, y  todo ello con la finalidad de darse a entender.





"Parte del aire...."

martes, 14 de agosto de 2012


Autobiografía creativa…

En los últimos días cuestiono por qué mis padres dispusieron nombrarme como lo hicieron. Mi primer nombre es de origen Hebreo, y quiere decir “Dios es propicio”. Puede que esa no sea la mejor descripción de mi persona, pero eso significa. En un análisis numerológico del mismo, se expone que mi primer nombre significa “empeñoso”.  Bien puede ser esa una característica de mi persona, por la relación con la lucha constante y la perseverancia por alcanzar las metas trazadas. Este año, por ejemplo,  graduarme de la Licenciatura en Letras. Carrera que, a ciencia cierta,  no sabía siquiera que existía hasta el año 2005. Al año siguiente, 2006, opté por ingresar a Periodismo como carrera simultanea, según yo, mi pasión. Mas hoy, la veo tal y como lo explica el análisis de mi segundo nombre, como un “amante del buen criterio y del misterio”, porque a fin de cuentas  considero que los medios de comunicación alimentan la absurdidad de nuestro mundo. Cuando me consultan ¿quién soy? o ¿qué hago por la vida?...Explico que me hago llamar el “Jefe de la vagancia”, que alimento mis días con el arte y la cultura, con el amor de los hijos peludos que tengo. En primer lugar,  no por el arte de los museos o mucho menos, sino que por ese arte cotidiano. Arte que vemos pero no observamos. Amo a los dos hijos que tengo, tengo digo, porque son parte del quehacer cotidiano y fomentan en mí la vagancia. Phily y Cotty son sus nombres. Son mis hijos de cuatro patas que alimentan mi alegría, como supongo lo hacen los hijos humanos hacia sus progenitores.  Según otra caracterización de mi segundo nombre, debiese considerarme como un “pensador práctico”… No lo sé, aún me da vueltas en la cabeza tal definición de mí mismo, pensador práctico, qué quiere decir eso. A fin de cuentas me parece que ahí la descripción puede se halla equivocado. Soy más de las armas teóricas que de las prácticas. O puede que aún no halla llegado al momento bisagra de mi vida para convertirme en un ser de armas tomar…Según mis dos nombres y sus respectivas caracterizaciones bien podría ser editor, escritor o incluso líder religioso. Esta última la tomaría por negocio, mas tengo puesta mi fe en las dos primeras. El año pasado obtuve el primer lugar en el certamen de Relatos Breves de la Municipalidad de Guatemala. Sin embargo, considero que el mayor crítico de su obra debe ser uno mismo, por lo que aún me consulto por qué me otorgaron el premio a mí y no a otra persona, o en todo caso, a otro relato… Si debiese definir mi vida en una palabra esa sería gratitud. En la concepción fatalista, expongo a diario mi gratitud por seguir en este mundo y consultarme cada vez que puedo ¿he modificado algo o me he sometido ante la masa?...No lo sé, parafraseando a Ana Montez en la escena final de la película Soy leyenda…diría: Esta es mi leyenda, aún construyo mi legado. Por cierto, hace 24 años mis padres me nombraron Juan (primer nombre) Pablo (segundo nombre).

miércoles, 8 de agosto de 2012


Las posibilidades son infinitas...
Tanto de aprendizaje como de enseñanza...